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Los lentes (Febrero 2010) PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Carlos Escorza Ortiz   
Existen diversas enfermedades que nos marcan, modifican y condicionan la forma de vivir, a partir de las cuales, algunos al saber que la tienen reaccionan o toman diversas actitudes, buenas y malas.

ImagePero lo que llama más la atención es el hecho de que algunos al sabernos enfermos no hacemos nada y por el contrario aprendemos a vivir con esa enfermedad, y vamos inventando cosas, accesorios para hacer de la enfermedad algo cotidiano.

Ciertamente algunas enfermedades son incurables, y solo se pueden mantener o sobre llevar, pero en otros casos,  si hay cura, tratamiento, atención suficiente para erradicar el mal, pero nos acostumbramos a vivir que pareciere en algunos momentos, verse como una moda.

Pongo un ejemplo, los problemas de visión en muchos casos tiene solución, hay tratamientos que pueden erradicar; la miopía o astigmatismo son enfermedades comunes y hay toda una tecnología y diseñadores entorno a estas enfermedades, y no para curarlo, sino para hacerlo estéticamente más agradable, más llevadero, incluso poniendo modas en las formas, diseños y materiales. De tal forma que hay lentes para ver de lejos, de cerca, que se obscurecen con el sol, que son de materiales muy ligeros, cómodos, que combinan con nuestros estilos, gustos, colores; y cuando se pierde la vista también hay lentes que ocultan nuestra incapacidad de ver, y el hombre en su capacidad de adaptación logra hacer cosas incluso solo con la memoria, o desarrollando otros sentidos no haciendo notar su incapacidad para ver. Lo malo es que en algunos casos si hay cura, solución, tratamiento eficaz que logra sanar y dejarnos ver.

En tiempos de Jesús como ahora, existían muchas enfermedades, muchos males que aquejaban al pueblo y que buscaban ayuda, la solución de su mal.

En el evangelio hay un pasaje que ilustra un caso singular, lleno de detalles y símbolos, un pasaje donde Jesús va caminando, y en el camino se encuentra a muchas personas.  Un hecho significativo es que los evangelistas en algún momento, por lo general al iniciar la vida pública de Jesús, lo ponen caminando, muchos pasajes inician con un Jesús en camino, por ejemplo: “Jesús iba de camino cuando…, Jesús llego a… y se encontró con…, salió Jesús de…,” y así encontramos a un Jesús peregrino, en el camino. Este pasaje del evangelio de Marcos es un claro ejemplo de esto, aunque no me centraré en este punto, sino lo que sucede en ese encuentro con un hombre llamado Bartimeo que era ciego, y cuando escucha que Jesús va pasando por ahí lo llama a gritos, y aunque muchos lo quieren callar, él grita más fuerte.

Jesús al escucharlo, lo manda llamar, y le pregunta: ¿Qué puedo hacer por ti? (Mc 10, 51) La pregunta puede ser incluso irónica, al ver que era ciego, pero Jesús quiere escuchar su petición, no es un mago ni un brujo, incluso puede haber algo más urgente para ese hombre que su enfermedad, su ceguera, pero la respuesta es obvia, Bartimeo dice: “que vea Señor”, Jesús le dice vete tú fe te ha salvado.

El punto más alto de esta reflexión, es en el camino de la vida, nos podemos enfermar, lastimar, herir y eso causa una situación que nos limita, nos impide vivir en posibilidad de ser plenos.

Cuando somos capaces de reconocer ese mal, y nos comprometemos con la solución, no con el problema, logramos encontrar soluciones, no agravar más el problema, o pretender que  se convierta en un “siempre ha sido así”, que lejos de buscar la solución, enferma mas, complica más, y lo peor es que afecta a otros, heredamos esos males.

Digamos por ejemplo, una persona que le gusta mentir, un mitómano, llega un momento que se cree sus mentiras, un alcohólico pasa por algo similar, de tal forma que a veces pensamos que mi enfermedad, solo me afecta a mí, es mi mal, mi enfermedad, mi problema. Pero no es así, el mal afecta a todos, de una forma u otra, directa o indirecta. Otras enfermedades comunes son en este tipo, soberbia, egoísmo, vanidad y muchas otras más, pues el pecado tiene una característica, siempre se transforma, cuando pensamos haberlo vencido, se transforma, muta en otro pecado.

Es curioso ver casos de personas que sufrieron de una enfermedad como lo es el alcoholismo y cuando logran atender, el pecado se transforma en soberbia diciendo: “yo era como aquellos, ahora soy distinto” sutil forma de cambiar el pecado, antes por el licor, ahora por la soberbia.

Una persona enferma de celos, está enferma no solo de su autoestima, sino de su seguridad y afecta su comportamiento al preocuparse por su conducta, forma de relacionarse, al invertir tiempo y momentos donde su pensamiento sufre al pensar en sus celos, más aun afecta cuando el ser amado es cuestionado, interpelado ante el ataque de inseguridad y es fácil caer en venganzas, odio, despecho.

Una persona que sufrió un abuso, una agresión, algo que lo violento, y modifico su conducta y tiene un trauma que lo tiene amarrado, a una situación, a una actitud, a una forma de vivir, y que lo más grave es que se convierta en un estilo de vida, pretendiendo no solo no buscar una solución, sino hacer de este hecho algo en un estilo de vida. Lo más peligroso es pretender hacer que todos aceptemos que el ser ciego es normal y que no hay cura, por compararlo, y que debemos dejar que se dé más la ceguera en otros que no la tienen.

Hasta qué punto hemos perdido ese sentido de vivir en libertad, de caminar por la vida completos, íntegros. Dejando de buscar lo bueno, por lo que apetece, sin saber si hay algo bueno en eso que me apetece.

Podríamos preguntarnos ¿Qué es lo que no veo? ¿Qué hay en mi vida, familia, trabajo que no veo? ¿Qué he generado en los demás que nos hace vivir de una forma que nos bloquean el desarrollo de la felicidad, de mi felicidad?

Hay quienes por una situación, vivencia, o estado de vida, poco a poco se va deformando su existencia, complicando y afectando a sí mismo y los que lo rodean; lo más complicado es no darse cuenta de esa ceguera espiritual, esa miopía o catarata que no nos deja ver, esos miedos, temores, traumas, situaciones que me han marcado y me hace o más bien impiden desarrollarme, me limitan y me tienen amarrado y no me dejan ver con claridad.

Aceptar que estoy enfermo, que estoy por decirlo así, infectado, y contagio a los que me rodean, hace de mi vida, de mi familia una epidemia espiritual, y lo más grave es que se convierta en una pandemia y lleguemos incluso a legislar en contra de la misma vida, de la misma dignidad, de la misma salud del hombre, que es la razón y fin de toda ciencia humana.

Es triste ver personas paralizadas por el temor, por el miedo a algo, y se escude en su ignorancia, en sus limitaciones y no pueda aceptar la posibilidad de vivir sin la miopía, porque hace tanto que estoy en este mal, en esta situación, en este problema, que es más fácil acostumbrarse a vivir así, justificándonos, no buscando una solución.

Dios nos da los medios necesarios para salir de nuestras enfermedades, no de forma mágica, sino poniendo en sus manos nuestra ciencia, nuestra capacidad de hacer mejor nuestra vida y la vida de los demás, por eso ahora pido una oración por todos los oftalmólogos que están sirviendo para que veamos mejor, pido por todos los especialistas en la salud mental, física y espiritual, sean doctores, maestros, teólogos, legisladores y sacerdotes, que están buscando formas para que seamos sanos, libres, limpios de todo mal, físico y espiritual.

Dios los bendiga por su labor y tarea de ser ese medio por el cual entra la luz a nuestras vidas, en especial a mi amiga Doctora A. A. R. que están en sus manos muchos ojos que no pueden ver la maravilla de la creación, necesitamos de tus manos. Gracias hermana y amiga.
 
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