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La devaluación de la verdad (Julio 2010) PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Margarita Iturbide   

ImageEl hombre siempre ha manipulado la verdad, es una salida alterna ante la exigencia de responder ante sus actos. Nuestra conciencia es tan demandante que sólo tenemos dos opciones: afrontar nuestros errores o justificarnos. Y qué fáciles somos para dar mil explicaciones que nos den la razón de lo que hacemos, que nos disculpen ante nosotros mismos y ante los demás, que nos exoneren de nuestras malas decisiones. Lo que sucede es que esta justificación va nublando la verdad, se va entremezclando con medias verdades, ambigüedades, generalidades y mentiras hasta hacer de ello un hábito, un “modus vivendi” donde nosotros mismos perdemos la claridad entre lo real y lo imaginario, entre lo que realmente es y lo que nos gustaría que fuera. De aquí a perder el equilibrio psicológico, sólo hay un paso.

Esta actitud personal se va traspasando a la sociedad y entonces nos encontramos con estructuras construidas sobre mentiras que sostienen instituciones corruptas. En fin, podemos decir que el valor de la verdad se ha perdido, no existe. Y esto no es nuevo, desde el primer pecado del hombre ha sido así, sólo que las dimensiones de hoy, debido a la globalización, son terroríficas.

Mienten los periódicos, mienten los gobiernos, mienten las instituciones públicas y privadas, mienten los padres, los amigos, los esposos…. Nos han enseñado a mentir porque al fin y al cabo ¿quién cree en la verdad? ¿No es todo relativo? Ya Poncio Pilato se lo preguntaba a Jesús: “¿Qué es la verdad?” (Jn 18, 38). Y no lo hacía porque fuera para él importante ya que de haber sido así, no hubiera condenado a Jesús, sino porque para él la verdad estaba supeditada a sus intereses personales.

La verdad ha dejado de ser un valor objetivo, depende de nuestros intereses, fines, deseos, ilusiones, pasiones, sentimientos… la verdad es algo muchas veces incómodo que hay que esconder, olvidar, borrar por completo de la memoria de las gentes cueste lo que cueste. Así se ha escrito gran parte de la historia. Y como vivimos en un mundo donde rige la ley del más fuerte, unos pocos han decidido cuál es la verdad modelando toda una cultura contraria a la misma naturaleza del hombre.

Y la mentira va penetrando en las sociedades, en las familias, en las relaciones entre las personas, en las decisiones personales, en el concepto del mundo, de Dios y de la vida misma. Creemos lo que unos pocos quieren que creamos. ¡Qué fácil les está resultando la manipulación! La confusión del lenguaje, la ambigüedad, el recurso de apelar al sentimiento, la alteración de estadísticas, los silencios criminales, las calumnias, la falsificación… todo se vale porque una mentira lleva a otra y así sucesivamente hasta llegar a comprometerlo todo… hasta destruirlo todo.

¿No nos damos cuenta de que unos pocos se están enriqueciendo a costa de destruir a miles de millones de seres humanos? ¿Hasta dónde puede llegar el deseo de poder, de riqueza, de soberbia de unos pocos? Han abierto la puerta echando por tierra los valores más sagrados del hombre como son la vida, la familia, la fidelidad, la honestidad, la lealtad… nos han enajenado, nos han vendido al mejor postor que ha sido el mismo demonio que es el padre de la mentira. Vivimos atrapados en una espiral que nos empuja vertiginosamente hacia un abismo que parece no tener retorno.

¿Y cuál ha sido el resultado? ¿Mayor felicidad? ¿Mayor bienestar para todos? Basta mirar el resultado de tanta mentira. Para ejemplos, unos pocos. Según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos 45 años el índice de suicidios se ha incrementado hasta un 60%, la depresión afecta actualmente a 340 millones de personas, el 5% de las muertes de jóvenes entre 15 y 29 años de edad están asociadas con el consumo del alcohol.

El SIDA es la pandemia más grave de nuestro tiempo, sobre todo por la ineficacia de las medidas tomadas para prevenirlo, las familias disfuncionales crecen por día, los jóvenes son cada vez más agresivos. Efectivamente, la mentira no nos hace mejores personas.

Según datos proporcionados a través de Wikipedia, 24.000 personas mueren al día por hambre y más de 1.000 millones de personas viven actualmente en la pobreza extrema (menos de un dólar al día). 2.000 millones de personas carecen de acceso a medicamentos esenciales mientras se reparten cientos de millones de condones por todo el mundo.

Tenemos que entender de una vez por todas que no se puede evadir la verdad porque no se trata de un concepto o de una idea filosófica, sino que es mucho más que esto. En el Evangelio Jesucristo nos dice claramente: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6-9).

Dios es la Verdad misma que quiso encarnarse en el Hijo para mostrarnos el camino que nos conduce a la vida. Esto requiere un compromiso, una opción fundamental, un estilo de vida, difícil muchas veces, sí, pero lleno de plenitud. La mentira es oscura, turbia, desleal. La Verdad es llana, transparente, pura como agua de manantial.

La verdad requiere una búsqueda donde Cristo siempre sale al encuentro para entregarnos este tesoro que vale más que la vida misma y por la que hay que luchar por encima de todo. Y una vez encontrada, quien se pone al servicio de la verdad se libera de todas sus cadenas y comprende plenamente aquella frase del Evangelio: “la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).

 
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