Estas aquí > Inicio - Agosto 2010 arrow Secciones Temáticas arrow Espiritualidad arrow Formulación dogmática trinitaria (Julio 2010) domingo, 05 de septiembre de 2010
 
Inicio - Agosto 2010
Quienes Somos
Secciones Temáticas
Línea de la Esperanza
Colloquium
RADIO
VIDEO
Donativos
Comentarios
Contacto
Inicio
Histórico
Julio 2010
Junio 2010
Mayo 2010
Abril 2010
Marzo 2010
Febrero 2010
Enero 2010
Diciembre 2009
Noviembre 2009
Octubre 2009
Septiembre 2009
Agosto 2009
Julio 2009
Junio 2009
Mayo 2009
Abril 2009
Marzo 2009
Febrero 2009
Enero 2009
Diciembre 2008
Noviembre 2008
Octubre 2008
Septiembre 2008
Agosto 2008
Julio 2008
Junio 2008
Mayo 2008
Abril 2008
Marzo 2008
Febrero 2008
Enero 2008
Diciembre 2007
Noviembre 2007
Octubre 2007
Septiembre 2007
Agosto 2007
Julio 2007
Junio 2007
Mayo 2007
Abril 2007
Marzo 2007
Febrero 2007
La Santa Sede
verycreer.com
Church Forum
Apocalipsis Mariano
Comunicadores Católicos
Los últimos tiempos
CACM (Consejo de Analistas Católicos de México)
Formulación dogmática trinitaria (Julio 2010) PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Julieta Castañeda   

ImageLA TRINIDAD EN LA TRADICIÓN

Según el NT: “el Padre se nos ha dado por medio del Hijo en el Espíritu”. Son tres sujetos distintos y de los tres se afirma la divinidad, incluso del Espíritu Santo, quien nos diviniza, otorgándonos la condición filial en Cristo.

Al principio, los padres apostólicos seguían con las fórmulas del NT: hay un Dios único, Padre de Jesucristo nuestro Señor - según la fe de los apóstoles -. La naturaleza divina del Espíritu se deduce de la unión de la divinidad de Cristo con la del Padre. Pero, reunir la pluralidad de sujetos (personas) con la unidad de la esencia (naturaleza) es un problema lingüístico y teológico.

I. CONFESIÓN BAUTISMAL

El Bautismo y la Eucaristía reflejan la fe trinitaria de la comunidad primitiva. Se bautiza ya en el s. II en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo por mandato de Cristo (aunque la primera fórmula sería “en nombre de Jesús”). La Didaché (s. I) y S. Justino (s. II) son testigos de esta tradición.

San Ireneo señala tres funciones distintas a las personas divinas en el orden de nuestra santificación durante el bautismo; dándonos el proceso de nuestra salvación trinitaria: el Espíritu Santo nos incorpora a Cristo, quien nos da el acceso al Padre, entregándonos la filiación divina (y de esta praxis nacen los símbolos bautismales).

San Hipólito de Roma (s. III) transforma las preguntas bautismales en un credo en forma interrogativa y trinitaria.

Así nacen los tres artículos de nuestra fe según San Ireneo: “creemos en Dios Padre, increado, infinito; en Cristo, por quien ha sido creado todo y en el Espíritu que habló por los profetas”.

El Símbolo de los Apóstoles del siglo III tiene una estructura trinitaria que será habitual en los símbolos de la fe como el niceno-constantinopolitano.

Surgen las reglas de fe por la necesidad de una fórmula sintética y por interés apologético. S. Ireneo y Tertuliano hablan de la “regula fidei”, núcleo de la fe que la Iglesia profesa: existe un solo Dios y ningún otro al lado del Creador del mundo, que lo ha creado todo (…) con su Palabra que antecede a todo. Esta Palabra - el Hijo -, (…) ha (…) descendidopor obra del Espíritu con la fuerza de Dios Padre sobre la Virgen María, encarnándose en su seno…y naciendo de ella como Jesucristo, quien predicó (…) y obró milagros; muerto en la Cruz, resucitó al tercer día; arrebatado a los Cielos, está sentado a la derecha del Padre y nos envió su Santo Espíritu.

II. PADRES APOSTÓLICOS

Reflejan el lenguaje de la Sagrada Escritura y su tono pastoral al hablar de la Trinidad. Subrayan la unicidad de Dios, llamando con el nombre de Dios al Padre igual que en el NT, pues tiene la iniciativa de la creación y de la salvación. Y, en relación a Él, hablan de las misiones del Hijo y del Espíritu Santo. Afirmando la divinidad de Cristo en cuanto Hijo de Dios enviado por el Padre y revelador del mismo.

San Clemente Romano atribuye las mismas obras al Hijo y al Espíritu que al Padre en unidad de vida divina.

San Ignacio de Antioquía aplica el nombre ho theós a Cristo, haciéndolo común a las tres divinas personas, pues los tres son Dios. El Espíritu Santo está presente en la generación humana y en la unción de Jesús.

Pastor de Hermas posee dos niveles: el de la Tradición apostólica y el de la reflexión teológica: Jesucristo es el Salvador, Hijo de Dios y Señor, que se hizo hombre. Afirma la divinidad de Cristo y del Espíritu que se une al hombre.

III. CREDO DE LOS APÓSTOLES Y HEREJÍAS TRINITARIAS

El símbolo de los apóstoles aparece a principios del s. III como una fórmula trinitaria; que narra los principales misterios de la vida de Jesucristo: nacimiento, crucifixión, muerte y sepultura, resurrección y ascensión, reunión a la diestra de Dios Padre y futura venida, casi repitiendo la Escritura. Sólo profesa la fe en la persona del Espíritu sin referirse a su divinidad.

Las herejías trinitarias cuestionan la divinidad de Cristo (quien murió crucificado) – ya que supone el politeísmo -, o la autenticidad de su humanidad – pues resulta inverosímil que Dios se encarne -. Las principales son:

a) Monarquianismo. Niega la Trinidad de personas en Dios, afirmando la persona del Padre. El monarquianismo adopcionista, niega la divinidad de Jesucristo, considerándolo sólo hijo de Dios por la gracia como un hombre común. En el monarquianismo modalista, Cristo es uno de los modos en que el Padre se ha revelado. Dios mismo padeció en la cruz (sabelianismo del s. III).

b) Ebionismo (judeocristianos del s. II). Cristo ha sido ungido por el Espíritu en el bautismo, pero lo niegan como verdadero Hijo generado por el Padre.

c) Gnosis (mezcla de elementos judíos y helénicos). Acepta el dualismo entre el mundo y Dios, el Espíritu y la materia; explicando el mal como originado en la divinidad. Lo que salva es el conocimiento de lo que se es por una revelación interior. Marción niega el AT, pues su Dios es malo, distinto del revelado por Cristo, quien nos recuerda el parentesco de nuestra alma con él, para librarnos de la materia y de la muerte.

IV. PADRES APOLOGETAS

Profundizan sobre el misterio de la Trinidad desde el medioplatonismo. Recurren a la teología del Logos para distinguir a la persona del Hijo y también al concepto de generación, que les lleva al subordinacionismo por deficiencia teológica y de expresión.

San Justino mantiene el monoteísmo afirmando que Dios es invariable y causa de todo lo que existe, y además, es el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo, aunque le concede atributos divinos al Hijo, sólo el Padre recibe el nombre de Dios.

Su Cristología parte del evangelio de Juan. El Padre, trascendente e incognoscible, ha creado y organizado todas las cosas por su Logos, a quien ha concebido para esta obra y le es inseparable. Es Dios el que se manifiesta por amor en el Logos al hacerse hombre – Jesús, su Hijo primogénito -, quien queda en subordinación respecto al Padre.

Taciano, discípulo de Justino, define a Dios como Espíritu y afirma que el Verbo posee la misma condición, pues participa de la misma “naturaleza” de Dios. El Logos es la obra perfecta del Padre antes de la creación. El Espíritu es ministro y mensajero del Logos, pero no se relaciona con el Padre y el Hijo en el interior de la vida divina (‘binitarismo’).

Teófilo de Antioquía es el primero en emplear la idea de Trías (tríada) para designar a la terna divina. Pero, cuando aborda el tema de la Sabiduría, muestra influencia tanto de la cosmología estoica como del judaísmo helenista.

Atenágoras dice de la Tríada divina que la diferencia está en el nivel del orden; pues el Hijo es el primer engendrado por el Padre y procede de Dios para formar la creación.

V. DE IRENEO A ORÍGENES

San Ireneo opone a la gnosis la doctrina de los apóstoles y la regula fidei de la Iglesia. Es “un solo Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios, y en el Espíritu”. Destacando la absoluta unidad de Dios – fuente de todo bien y de todo ser -, es el Verbo el que lo revela desde el principio.

El Verbo actúa desde que nace la humanidad, hasta la plenitud de los tiempos en que se encarna, transformando la humanidad en cuerpo de Cristo. Pues por el Verbo visible se hace el hombre semejante al Padre invisible. Cristo es Dios en relación al Padre.

Esgrime contra los gnósticos que Jesús es “uno y el mismo”, según el esquema del prólogo de San Juan. “El Hijo de Dios se ha hecho hombre para que los hombres sean hijos de Dios en él”.

Tertuliano es el primero en usar el término Trinidad y en distinguir el Verbo del Padre como persona (sujeto parlante) y con quien tiene en común la unidad de sustancia. Se basa en la regula fidei. La Trinidad de personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo (distintas en el orden de origen) no destruye la unidad de Dios - uno se comunica con el otro -; ya que es una sola sustancia divina, pues el Padre es su origen: una sustancia, tres personas.

En Orígenes, de tendencia platonizante y subordinacionista, todo procede de Dios y vuelve a Dios. El Logos procede eternamente del Padre como su imagen y sabiduría, quien por ser el Hijo unigénito del Padre, puede hacerse hombre; es hijo por naturaleza. Sin embargo, la divinidad de Cristo es derivada. Sólo el Padre es Dios por sí mismo; el Hijo es imagen de su bondad y la primera creación del Hijo es el Espíritu Santo.

VI. HEREJÍA DE ARRIO

Sólo el Padre es eterno y es Dios, ingénito y sin principio. El Hijo por haber sido engendrado por el Padre, tiene un principio y por lo tanto no es verdaderamente Dios: “Dios no ha sido siempre Padre, (...). El Hijo (…). No existía antes de nacer, sino que tuvo un inicio, el de la creación”. Luego lo adoptó como Hijo, por lo tanto, “no es ni igual ni consubstancial a él…”. El Verbo no se hace hombre, sino que el hombre queda divinizado por la gracia divina y no tiene alma humana, disipando así “el escándalo cristiano de la identidad en la contradicción entre el nazareno crucificado y el Hijo de Dios”.

a) El Concilio de Nicea (325) responde a las tesis de Arrio - en el 381, el concilio I de Constantinopla a “nació del Padre”, añade: “antes de todos los siglos”-. Cuando confiesa un solo Dios, se refiere al Padre. El Hijo no ha sido creado de la nada sino que es generado de la sustancia del Padre, por lo que es Dios verdadero de Dios verdadero.

El término homoousios declara la igualdad perfecta del hijo con el Padre en la Trinidad: “la naturaleza del Hijo es divina como la del Padre y le es igual en todo”. Lo que implica una sola sustancia divina. El término consustancial dice lo mismo que San Juan: El Verbo era Dios. Hypostasis (de la sustancia del Padre) es equivalente a ousia, naturaleza o esencia; con los padres capadocios será sinónimo de persona.

La divinidad del Hijo se mantiene por el homoousios en la medida que el Hijo procede del Padre por vía de generación, con la imagen de “luz de luz, Dios de Dios”. Es engendrado eternamente por el Padre, pues son de la misma naturaleza. Se ha utilizado este término filosófico ajeno a la Escritura para mantener su verdad –El Logos es Dios- en contra de la concepción platónica del demiurgo como ser inferior a Dios.

b) Después de Nicea aumenta el arrianismo a pesar de que el concilio había afirmado que: el Hijo es de la misma naturaleza del Padre; pero faltaba un concepto de persona apropiado que conservara la distinción.

Los defensores del homoousios pensaban que sus oponentes, al no aceptar la unidad de naturaleza, daban entrada al politeísmo. Esta crisis casi se resolvió cuando el sínodo de Alejandría (362) decretó la fórmula de una ousía y tres hypostasis. En Occidente, Tertuliano ya lo había logrado con su fórmula: una naturaleza y tres personas.

c) San Atanasio insiste en “una divinidad del hijo igual a la del Padre e inseparable de ella”. Pues, Cristo se ha hecho hombre para divinizarnos. El Verbo, imagen perfecta de Dios, restablece en el hombre la imagen de Dios. Afirma la divinidad del Espíritu Santo como Nicea. Basilio de Cesarea emplea al igual que Atanasio, la misma argumentación respecto de Cristo: si el Espíritu Santo no fuera Dios, no podría divinizarnos.

d) San Hilario de Poitiers afirma “la igualdad de naturaleza y la distinción de personas: (…) rechaza tanto la existencia de dos dioses, como la de un Dios solitario”. Como consecuencia reconoce al Padre en el Hijo y al Hijo en el Padre. Pues, “el Padre y el Hijo son uno”, el mismo y el único Dios. Se basa en el concepto de generación eterna por la que “el Padre entrega toda su sustancia al Hijo, de modo que la misma existe en ambos. Las personas divinas son distintas, pero están unidas en virtud de la misma y única naturaleza”.

VII. HEREJÍAS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

1. El arrianismo radical de Aecio y Eunomio sostiene que si el Hijo es inferior al Padre, también el Espíritu es de un orden inferior al Hijo y sometido a él; pues, “El tercero en dignidad y en orden es también el tercero en naturaleza”.

2. Los pneumatómacos (combatientes contra el Espíritu Santo) dicen que puesto que nunca se dice del Espíritu que sea creador, sino que las cosas son creadas en el Espíritu, se deduce que posee una naturaleza inferior.

VIII. OBRA DE LOS CAPADOCIOS

El Padre es el origen fontal de la Trinidad, que entrega su naturaleza al Hijo y, a través de él, al Espíritu. Afirman que lo que determina la esencia común de la Trinidad – las tres hypóstasis -, son las relaciones. Mientras la ousía expresa la naturaleza, por hypóstasis entienden las propiedades que determinan a esa misma naturaleza.

San Basilio acepta el homoousios de Nicea, pero en el que el Padre es el arquetipo, la belleza por antonomasia, fuente de la sustancia divina y principio de las otras personas; mientras que el Hijo es la imagen de la belleza del Padre. Respecto al Espíritu Santo, admite su divinidad y su condición de santificador; es el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo porque está íntimamente unido a Él por naturaleza.

Gregorio Nacianceno se basa en el pensamiento de S. Basilio; sin embargo, duda en aplicarle el término homoousios. Explica el origen de la tercera persona como diferente del Hijo: el Espíritu procede del Padre. Así se establecen los dos términos que señalan las propiedades del Hijo (generación) y del Espíritu (procesión).

Gregorio de Nisa afirma que la iniciativa de la acción corresponde al Padre, la operación al Hijo (poder de Dios), y la perfección al Espíritu Santo. Conserva el homoousios para las tres personas divinas y las distingue en cuanto a que el Hijo posee la naturaleza del Unigénito y el Espíritu la de ser originado por el Padre a través del Hijo. La sustancia del Padre se desborda a través del Hijo hasta el Espíritu Santo.

IX. CONCILIO DE CONSTANTINOPLA (381)

Profesa la divinidad del Espíritu por el adjetivo de Santo, y dador de vida y por el título de Señor, que ha de ser adorado como el Padre y el Hijo. Se refiere a su acción salvífica –habló por los profetas- y describe la procesión como su característica personal intratrinitaria e indica su divinidad.

X. SAN AGUSTÍN

Realiza la primera síntesis del misterio Trinitario con una perspectiva distinta de la oriental – en que el Padre es la única fuente de la divinidad que entrega al Hijo y que, por el Hijo, va al Espíritu -. Dios es la Trinidad y la Trinidad es el único Dios verdadero, dominando la idea de la unidad absoluta de Dios o esencia única de Dios. En consecuencia, todas las obras ad extra de la Trinidad son comunes.

Ser Padre y ser Hijo es algo eterno e inmutable, aunque el Hijo proviene del Padre por generación. El Hijo por la vía del conocimiento, es la perfecta semejanza del Padre, y por la voluntad llegan al amor y don mutuo que es el Espíritu Santo – comunión inefable del Padre y del Hijo -, que procede del Padre y del Hijo (filioque).

XI. CREDOS POSTERIORES

1. La fides Damasi (año 500) confiesa un solo Dios, pero no solitario, porque el Padre entrega su naturaleza al Hijo al engendrarlo, mientras que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (filioque). Padre, Hijo y Espíritu Santo son nombres propios.

2. El Símbolo Quicumque o “atanasiano” (s. V-VI) refleja la doctrina de S. Agustín.

3. 3er Concilio de Toledo (año 589). Termina con el arrianismo en España. El Padre engendra al Hijo de su sustancia, por lo que es igual y coeterno con él, y permanecen ambos en la misma e idéntica sustancia. El Espíritu Santo es de la misma sustancia de ambos porque procede del Padre y del Hijo. Por lo tanto, hay tres personas distintas con una misma y única sustancia.

Se vuelve al filioque para resaltar la divinidad de Cristo ante el arrianismo. Sin embargo, se origina un enfrentamiento entre Oriente y Occidente (s. VI), donde Máximo el confesor equipara el filioque a la fórmula griega “por medio del Hijo” para suavizarlo. A pesar de las instancias de Carlomagno, para incluir el filioque en el Símbolo, fue introducido hasta el s. XI en Oriente y en Roma hasta el año 1014 junto con el canto del credo de la misa en la coronación de Enrique II.

4. Concilio XI de Toledo (675). Toma conceptos de otros concilios como el IV y el VI de Toledo (633 y 638) y además de S. Hilario, S. Agustín y S. Fulgencio de Ruspe. Al principio confiesa la existencia del misterio de la Trinidad.

Las personas. Explica la generación del Hijo por la comunicación de su sustancia sin división. El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad igual al Padre y al Hijo; de la misma naturaleza y de la misma sustancia. Procede del Padre y del Hijo, por ser el Espíritu de ambos.

Enseña que debemos decir que la Trinidad es trina y que en los nombres de personas que implican una relación, el Padre es referido al Hijo, el Hijo al Padre y el Espíritu Santo a los dos; pero cuando se habla de las personas consideradas en sus relaciones, se cree en una sola naturaleza o sustancia. El Padre se dice Padre por referencia al Hijo; el Hijo se dice Hijo por referencia al Padre y el Espíritu Santo, por referencia de ambos.

La naturaleza. Cada persona es plenamente Dios, divinidad única, indivisa e igual, en majestad o poder; por lo que “(…) las tres personas son llamadas un solo Dios”.

Trinidad sin separación. Hay Trinidad por la distinción de personas, y unidad por la naturaleza o sustancia inseparable e inconfusa. Pues, cada persona conserva su propiedad. Las tres personas son eternas: el Padre, sin nacimiento; el Hijo con nacimiento; y el Espíritu Santo, que procede de ambos sin nacimiento.

“Las personas no multiplican la divinidad; pues, el número se refiere a las personas y no al ser o la sustancia divina”.

SAYÉS, JOSÉ ANTONIO. Trinidad, misterio de salvación. Ed. Pelícano. España, 2000, pp.115-175.

 
< Anterior   Siguiente >

© 2010 Gólgota
Desarrollado por GIC