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Toda relación humana impacta en el otro, de una forma u otra, pero siempre nos deja algo, por muy fuertes que seamos o queramos mostrarnos, es una cualidad que tenemos los seres humanos. Esto tiene varias razones, Dios es comunidad, es uno y es trino, y del mismo modo nosotros somos o estamos compuestos por alma, cuerpo y espíritu. Así nosotros necesitamos a los que nos rodean para descubrirnos, lo decía así San Agustín (354-430) en su libro “de Trinitate”, que de alguna forma retomó un filosofo humanista del siglo XX Emmanuel Mounier (1905-1950) “tu eres en la medida en la que te descubres en los demás”. El vinculo que los seres humanos tenemos y marcamos en la vida de los demás hace que delineemos nuestra vida y forma de ver la cosas. Este impacto que generamos, nos abre o cierra al dialogo o a la verdadera búsqueda de la verdad. Es triste ver como personas viven rebotando de relación en relación por no comprender el impacto que generamos en los demás, y que se vive así rebotando, de una relación a otra, sin darse cuenta que nos convertimos en algo que lejos de ser mejor, perdemos respeto y en algunos casos hasta al dignidad. La devaluación que puede darse en una persona al no estar conciente de ese impacto que ha recibido y ha dejado en los que le rodean puede generar complicaciones dolorosa en la autoestima y en sus relaciones interpersonales, cayendo en relaciones nocivas, negativas y que empobrecen y devalúan. Algunas corrientes sicológicas dicen que el tiempo de desintoxicación al impacto recibido por otra persona debe ser proporcional al que se mantuvo la relación o contacto interpersonal, y además se necesita ayuda profesional para darle su justo lugar a esa persona o relación, es decir que si se tiene una relación de un año se necesita aproximadamente un año para desintoxicarse, y además la ayuda de un especialista. Lamentablemente solemos salir de una relación y entramos en otra u otras, y el resultado es más que evidente. Esto sin pensar en la persona de la nueva relación que también trae su historia y situaciones pasadas que la han marcado. Esto genera una gran cantidad de posturas lamentablemente negativas y nocivas para cualquiera que esta buscando una sana relación humana. Cuando se da una relación estable, sana y que se ha desintoxicado correctamente, y se impacta en los otros, genera cosas positivas y se logran éxitos a largo plazo, definiendo ideales que dignifican y potencian en todo sentido a la persona humana. Esto nos deja marcas que en algunos casos pueden afectar en muchos sentidos tanto en lo positivo como en lo negativo. La forma más clara de reconocer esto es una actitud pragmática, es decir, que solo cae en lo práctico, volviendo a la persona en objeto. La idea básica de eso es “no quiero compromisos o solo quiero algo superficial”. El evangelio nos habla de un hombre que esta invalido, treinta y ocho años así, y necesitaba ayuda para entrar a una piscina y Dios le haría el milagro. Jesús lo ve y lo cuestiona con una pregunta sencilla, ¿Quieres curarte? (Jn 5, 6) y Jesús lo sana. El punto esta en estar marcado tanto tiempo, no poder moverse, necesitar de otros, no poderse valer por si mismo. Hay una historia que ha circulado por Internet y me agradaría compartir: “Un joven que sufría por culpa de los demás, esto le generaba rencor y no sabia qué hacer. Su padre le dijo que en una madera que tenían atrás de la casa fuera poniendo un clavo por cada rencor o sentimiento negativo. Y así lo hizo, cada que le sucedía algo malo que le generaba rencor, iba y clavaba un clavo en la madera, y poco a poco se fue llenando de clavos. Un buen día, ese joven le dijo a su padre que la madera estaba llena pero que ya había aprendido a controlar sus sentimientos, por lo que el padre ahora le dijo que fuera quitando los clavos de esa madera por cada caso de rencor superado. Paso el tiempo y termino de sacar los clavos de esa madera, fue con su padre y le comento que había terminado y notó que la madera tenia muchos hoyos por los clavos, a lo que le dijo el padre, eso mismo pasa con las relaciones y rencores, dejan marcas y no siempre es fácil de superar”. Muchas situaciones en la vida nos marcan y en algunos casos nos dejan años limitados por esa relación. La solución es compleja, no es sencilla, ni rápida, pero sí es posible, siempre y cuando tengamos claridad en lo que nos afecta, como ese hombre del evangelio que después de muchos años, logro sanar su enfermedad. ¿Cuántos andaremos así, por el mundo lastimados y marcados por los que nos rodean? Esas marcas las llevamos en nuestra vida, pero no olvidemos las marcas que dejamos a los demás con nuestras acciones y actitudes. Pensemos en eso, cómo nos han marcado los demás y qué marcas hemos dejado en los que nos rodean, padres hijos, hermanos, esposos, novios, amigos. Pidámosle a Dios dejar una marca buena en los que nos rodean y que las marcas que nos han hecho nos hagan mejores personas, mejores cristianos.
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