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El libro del Génesis (c. 25), narra inmediatamente después de los esponsales de Isaac, que el patriarca Abraham tomó a otra mujer llamada Queturá, con quien tuvo seis hijos, quienes a su vez tuvieron una numerosa descendencia, formando posteriormente entre ellos algunos pueblos de Arabia como los madianitas, los sabeos y los dedanitas.

Abraham, previendo discordias entre los hermanos, entregó a su primogénito Isaac lo que le correspondía como herencia; mientras que a los hijos de sus concubinas les hizo obsequios y los envió hacia el Oriente. Después, Abraham murió, entonces sus hijos -Isaac e Ismael- lo sepultaron en Mambré, en la misma cueva donde reposaban los restos de su mujer Sara. Fue en Mambré donde Yahveh -acompañado de dos ángeles- les había anunciado que Sara daría a luz un hijo en nueve meses.

Luego, Isaac se fue a vivir cerca del pozo de Lajay-Roí. Es en este lugar donde Yahveh encontró a la esclava Agar, huyendo de su señora; Dios la consuela y le dice que al hijo que diera a luz le pusiera por nombre Ismael, porque Yahveh había oído su aflicción; sus descendientes serían independientes y vagabundos en el desierto Árabe del Norte.

Mientras tanto, Isaac "el hijo de la promesa", suplica a Yahveh porque su esposa Rebeca, al igual que su madre, es estéril. Fue así que Rebeca concibió dos mellizos, que ya desde el vientre luchan entre sí; es por esto que Rebeca sufre mucho físicamente y acude a consultar a Yahveh a un lugar sagrado. Yahveh le responde: "Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño."

Nacieron los mellizos, al primero le llamaron Esaú; pero, el segundo salió con una mano agarrando el talón de su hermano Esaú y le pusieron por nombre, Jacob. Crecieron juntos, pero cada uno se dedicó a diferente actividad. Jacob era el más hogareño, por tanto, preferido por su madre, mientras que Esaú era aficionado a la caza, por lo que era el preferido de su padre. Una vez llegó Esaú muy cansado y le pidíó a su hermano Jacob del guiso de lentejas que acababa de preparar, entonces Jacob se aprovechó y le puso como condición que le vendiera su primogenitura. Esaú aceptó y juró sin reflexionar en lo que estaba haciendo, despreciando así el valor de la primogenitura.

Respecto al patriarca Abraham, se comportó como un hombre de su tiempo, justo y generoso, porque siempre dió su lugar a su legítima esposa. Pues fue Sara la que duda de poder darle descendencia a su esposo, pues ya había transcurrido demasiado tiempo, años y años. Es por eso que nace Ismael y posteriormente Isaac, de su legítima esposa. Después, cuando Abraham enviuda tiene más hijos y a todos les hace donaciones, comenzando por Isaac. También comprende que aunque son hermanos, deben vivir separados para que no surjan envidias discordias o rivalidades.

Actualmente, estos pueblos continúan en pugna, no cesan los agravios mutuos , ¿hasta cuando continuará esto? pues ya vino Jesús -el hijo de Dios- y siguen las cosas igual. Reflexionemos todos en ello, pues quizá lo mismo esté sucediendo dentro de nuestras familias, aunque no vivamos en el Medio Oriente.

Catequesis del Papa sobre la unidad y santidad de la Iglesia (27/08/2014)

Aunque está llena de pecadores, con divisiones y escándalos, los católicos recitamos en el Credo que la Iglesia es una y santa. El obispo de Roma en su Catequesis del miércoles 27 de agosto de 2014, se refirió al tema de la unidad y santidad de la Iglesia.

Audiencia General (27/08/2014)

El Papa Francisco retomó sus catequesis acerca de la Iglesia en la Plaza de San Pedro el pasado miércoles 27 de agosto al hablar acerca de la unidad y la santidad de la Iglesia.

VIDEO COMPLETO, EN ESPAÑOL

Ángelus del 31/08/2014

El pasado domingo 31 de agosto, el Papa Francisco reflexionó acerca de la necesidad de no ser cristianos "diluídos" para transformar el mundo, para ser "sal de la tierra" como indica el Evangelio.

Misa por la paz y la reconciliación

 RESUMEN EN VIDEO (18/08/2014)

El pasado 18 de Agosto, el Obispo de Roma alentó a los coreanos a dar "un testimonio convincente del mensaje reconciliador de Cristo en sus casas, en sus comunidades y en todos los ámbitos de la vida nacional".

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